Martes 19 de Septiembre de 2017

La conspiración del silencio

La cinta alemana La conspiración del silencio, aborda una temática que hiela la sangre al tiempo que ofrece punto de vista nuevo sobre el Holocausto

¿Qué fue de los alemanes una vez que Hitler fue derrotado y los aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial? ¿Los nazis desaparecieron súbitamente? ¿El nazismo se erradicó de raíz? ¿Qué ocurrió con Alemania ideológicamente hablando? ¿Las secuelas de la guerra se superaron o sencillamente fueron acalladas por las autoridades encargadas de la reconstrucción del país? Todas estas preguntas y sus respuestas son abordadas –en mayor o menor medida– en el drama germano La conspiración del silencio.

Ambientada en los años 60, en territorio teutón –a dos décadas de distancia de los juicios de Núremberg–, la película dirigida por Giulio Ricciarelli se centra en la primera generación de alemanes que vivió en la época de la postguerra y enfrentó las consecuencias de la ofensiva casi 20 años después de su término. Sin embargo, la “resolución” en realidad no había tenido un punto final, tal y como se percata el joven fiscal Johann Radmann (Alexander Fehling). Ambicioso y con un peculiar sentido de la ética que genera las burlas de sus colegas y conocidos, el rubio protagonista lidia con intrascendentes casos relacionados con multas de conducir.

La curiosidad lo lleva a enfrentar un cambio de 180º en el terreno laboral. Su conexión con un periodista contestatario y el rechazo de sus superiores para revocar a un exmiembro de la SS nazi convertido en profesor de niños pequeños, lo encamina al caso más importante de su vida: la investigación de lo ocurrido en un lejano campo de concentración polaco. En ese entonces el nombre de Auschwitz no generaba el menor eco. Los crímenes que ahí se habían perpetrado eran conocidos por pocos y quienes estaban enterados de sus horrores tenían un fuerte interés en disipar el olor a muerte y enterrar la verdad sobre las escabrosas calamidades que sufrieron sus habitantes-víctimas.

Johann Radmann comienza entonces una investigación que paulatinamente lo sumerge en un laberinto de desconfianza y mentiras, pero también lo lleva a dar con verdades crudas que a la postre reivindicaron el papel histórico de Auschwitz. Su afán es buscar justicia para los afectados y hacer pagar a sus torturadores y asesinos.

Si bien la cinta aborda una temática que hiela la sangre, también ofrece un nuevo punto de vista sobre el Holocausto: la manera en que Alemania poco a poco se reconcilió consigo misma al concretar la “primera vez que un país imputa a sus soldados por crímenes de guerra”, el tratamiento queda a deber.

La conspiración del silencio deja a un lado las historias personales de las víctimas y tampoco ofrece las clásicas escenas de tortura de las que fueron objeto los judíos, sino que a través del lenguaje cinematográfico, la música, el movimiento de cámara y una fotografía impecable da a entender las crueldades sin necesidad de reiterar los lugares comunes. Asímismo, existen momentos en que la película parece dejar a un lado el drama para compartirle un lugarcito al thriller, pero el director termina quedándose a medio camino. Así, el filme ofrece algunos chispazos de suspenso que nunca se concretan; quedan como apuntes sin resolver y demeritan la credibilidad de los sucesos. A estos detalles se suma un conjunto de actuaciones rígidas, una dirección actoral y de cámara cuadrada y fría que refleja el sentir y modo de expresión alemán, el pueblo al que quiere retratar justo después del capítulo más turbulento y escalofriante de su historia.

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