Miercoles 20 de Septiembre de 2017

Una madre siempre es una madre

A veces las hijas piensan que su madre es su mejor amiga

Hay personas que consideran que la mejor relación que puede existir entre una madre y su hija es la de “mejores amigas”. Sin embargo, esta situación entraña el riesgo de que con el tiempo favorezca la aparición de una rivalidad mutua, la pérdida del respeto, la confusión de roles e incluso la invasión de la privacidad.

LOS LÍMITES

Los hijos necesitan un adulto que les dé ejemplo, que sea un referente de autoridad y de respeto. Que los oriente y les brinde protección y apoyo, para que estén en posición de desplegar esa estabilidad emocional y la salud mental que tanto requieren y que otorga un orden a su existencia. El problema de este tipo de relaciones estriba en que desaparece el límite saludable de la relación madre-hija.

INSEGURIDAD

En principio este vínculo debe ser de acompañamiento y educativo. Pero una aparente amistad lo transforma en un nexo controlador y sobreprotector hacia la hija. Esto trae como consecuencia que no se pueda construir un modelo de respeto y autoridad, porque la madre es percibida como una par.

En este tipo de relación, malsana y confusa, se genera un elevado nivel de inseguridad en la hija, pues las decisiones de ella quedan sujetas al conocimiento y la aprobación de su progenitora o de lo contrario esta se sentirá defraudada. Este signo de sobreprotección resulta nefasto en el desarrollo de la personalidad de la hija, pues genera una dependencia nociva entre las dos.

MANERAS DE SER MADRE

Cuando la figura de autoridad no es entendida con claridad por parte de la hija, ella experimentará una sensación de desprotección. La confianza en sí misma se verá lesionada. Dudará cuando tenga que tomar decisiones y comprometerá su aspiración de independencia.

Que la relación madre-hija no sea de amigas, en ningún momento quiere decir que no pueda ser cercana y enriquecedora para ambas. Pero una cosa es ser amigas y otra muy distinta es ser madre e hija. Sin duda, una buena madre buscará siempre lo mejor para su hija. Sin embargo, esto no le otorga el derecho de invadir su privacidad, con la excusa de acercarse a su hija como una amiga.

Es fundamental comprender el origen de este fenómeno. En la mayoría de los casos, este comportamiento por parte de la madre, evidencia conflictos emocionales relacionados con la dependencia. Y en algunos casos esos conflictos van acompañados por depresión y temor a que la hija repita sus errores. En este sentido la madre está obligada a resolver dichos conflictos por cuenta propia o con la ayuda de un profesional.

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