Miercoles 18 de Octubre de 2017

Adicto al caos

Debemos darle a nuestras acciones un significado

Los adictos al caos son más comunes de lo que puedes imaginarte. Siempre van al menos con quince minutos de retraso y por eso llegan tarde a todos lados, corriendo y jadeando. Se disculpan y le echan la culpa al tráfico.

También se les ve desesperados a final de mes, cuando llegan las cuentas y por enésima vez descubren que compraron más de lo que podían pagar y que ahora tienen un serio problema. Todo se les pierde, nunca encuentran nada, equivocan siempre un dato, una firma o lo que sea. Están pegados al error.

DESORDENADOS

Los adictos al caos son, así mismo, unos tremendos desordenados. Su armario es un espacio de terror donde al lado de un suéter puede haber una naranja y debajo de un montón de ropa mal doblada, pueden estar las llaves de la puerta, que perdieron hace dos meses. Si alguien cuestiona ese desorden, se quejan y reniegan. Dicen que no tienen tiempo, que están llenos de problemas, que el orden es solo para “desocupados”. ¿Qué es lo que les pasa realmente?

ORIGEN DE LA ADICCIÓN

Toda adicción está relacionada con algún grado de dependencia a una sustancia. Es el caso de la adicción al caos, esta sustancia está dentro del propio cuerpo y se llama “adrenalina”. En estricto sentido, los adictos al caos son en realidad adictos a la adrenalina. Por eso buscan y generan situaciones que los lleven a generar esta sustancia.

SUPERAR LA ADICCIÓN

Por lo general, toda adicción cumple con la función de encubrir otro conflicto mucho más profundo, que no se ha resuelto, pero que sigue gravitando sobre la vida de manera insistente. Esa tendencia compulsiva de crear nuevos problemas no es más que una estrategia para que la atención siempre esté ocupada en asuntos externos, en esos problemas que se reproducen como virus y que siempre demandan una solución urgente.

Generar situaciones caóticas es una forma de cumplir, inconscientemente, con dos objetivos: delimitar un objeto hacia el cual se puede dirigir la angustia y dejar que esa angustia emerja con toda su fuerza, para vivirla y, aparentemente, canalizarla hacia acciones específicas de defensa. Pero como el problema de fondo sigue latente, es necesario reiniciar el ciclo una y otra vez. Termina convirtiéndose en un estilo de vida.

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