Sábado 16 de Diciembre de 2017

Corriendo para atrás

Los recortes del gobierno no alcanzarán para cubrir las necesidades de un gobierno que se gastó hasta el último peso en la fiesta del consumo popular, y ahora no tiene cómo salir.

Tabaré Vázquez no podrá cumplir su promesa. Tendrá que apelar al ajuste fiscal.

A menos que decida recortes severos a los programas presupuestales, eso implicaría, claro está, tocar programas sociales porque no es posible chiflar y comer gofio.

Cuando el diputado comunista Oscar Andrade propuso nuevos impuestos quedó claro que el tema estaba planteado a nivel del gobierno: ¿de dónde obtener dinero?

El gobierno está entre la espada y la pared: gastó más de lo que podía, multiplicó por cuatro el déficit fiscal, ahora recauda menos de lo que calculó que recaudaría y se gastó hasta el último peso.

El modelo “pro cíclico” que el Frente Amplio tanto criticó, fue aplicado con mayor severidad, tanto que podría decirse que es un caso de “más de lo mismo”.

Eso en el mejor de los casos. Decir que esto se ha visto ya antes no alcanza, porque también es verdad que en esta bonanza económica que le tocó gobernar no se había visto desde recuperada la democracia. Algunos expertos dicen que superará la que generó la guerra de Corea.

Lo cierto es que estamos en punto muerto, o podríamos decir que allí llegamos, si no fuera porque hemos retrocedido muchísimo en muchos rubros: peores resultados académicas y más deserción de la enseñanza, más pobres sin posibilidades de salir de la pobreza por no tener la instrucción mínima para un trabajo, más crímenes, más rapiñas…

Este decenio, en el que nos hemos dado el lujo de vivir como ricos, ha generado un rezago en materia social, provocando, por ende, un deterioro del tan mentado “entramado social”.

Pero ahora buscan aumentar los impuestos. Y aseguran que no suspenderán los programas sociales, es decir, estamos admitiendo la necesidad de un “plan de emergencia”.

Jamás habíamos tenido un escenario como este, que al cierre de una época de crecimiento y expansión (“a tasas asiáticas”), tengamos un panorama negro provocado, en parte, por las propias decisiones del gobierno.

Porque si algo agravará la situación son las medidas restrictivas y “de achique” que está aplicando la administración Vázquez.

Hemos pasado de la fiesta consumista, del despilfarro que no dejó nada, a la catástrofe.

Hay varias diferencias, pues, con lo que ocurría antes. No es más de lo mismo, evidentemente, y para prueba sobra un botón: el movimiento sindical calla y otorga.

El país se encamina, día a día, hacia un abismo económico que tiene, como dato adicional, que la población más vulnerable tiene menos herramientas y está peor preparada.

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