Lunes 14 de Agosto de 2017

La izquierda en su laberinto

Por Álvaro Vega Llanes

Asomé a la vida consciente allá, en la década del setenta. No tengo idea cuales fueron los motivos por los cuáles la injusticia, que significaban las estructuras sociales, me golpeó tan fuerte e hicieron que adhiriese a las organizaciones de cambio de la sociedad. Tal vez influencia de un mundo dividido en dos, un continente dividido en dos, un país y un pueblo dividido en dos. Crecimos en mundo bipolar.

Eso sí, la izquierda en esas épocas, era escandalosamente joven, los viejos rondaban los treinta años.

El plan era sencillo, tomábamos el poder, decretábamos la pública felicidad y nos recostábamos, sin mezclarnos demasiado, a la Unión Soviética.

No teníamos en cuenta, tal vez por ese impulso juvenil, que en las postrimerías de la Segunda Guerra, nuestros posibles aliados, habían acordado repartir el mundo y a nosotros nos había tocado quedarnos del lado de los Estados Unidos.

El primer Gobierno de izquierda de América del Sur, se ganó, inopinadamente, en las urnas chilenas y se perdió en las balas del infame ejército pinochetista. Es que la derecha, cuando las injusticias fueron tantas, atosigada por el aluvión de la izquierda, sembró de dictaduras el continente.

En esas épocas cometimos varias ingenuidades. No percibimos la división del mundo, no creímos que la derecha fuese la bestia asesina que demostró cuando tuvo la suma del poder, entre otras tantas cosas que no tuvimos en cuenta.

Las discusiones de esos tiempos se centraban en las definiciones ideológicas, en las estrategias para la toma del Gobierno, en cuanto nos convenía juntarnos con el otro polo del mundo. Para todas estas cuestiones había más de una posición en la izquierda.

A pesar de las diferencias, en Uruguay, trabajamos en la unidad de las izquierdas. Seguimos, tal vez sin mucha conciencia, más por instinto, lo que alguna vez un pensador lúcido dijo: si trabajábamos en lo que estábamos de acuerdo construiríamos un mundo nuevo, si trabajábamos en lo que nos separaba sembraríamos la división.

Había un aspecto, ideológico, en el que no había dos opiniones, la izquierda se caracterizaba por la honestidad. Las cuestiones materiales, el bienestar logrado de manera espuria, te situaban en la vereda de enfrente. Esa era la derecha.

Luego de las oscuras noches de las dictaduras, en un mundo que ya había dejado de ser bipolar, iniciado el segundo milenio de la era cristiana, las izquierdas comienzan a ganar los Gobiernos de América del Sur.

Claro que no sólo la bipolaridad había cambiado, la tecnología había explotado y nos ofrecía más posibilidades de consumo, otras comodidades, que, tal cuál es el mundo, no estaban repartidas iguales, pero cuando el pan es mucho, las migajas que caen son más.

Los poderosos del mundo, la derecha económica, decretó el fin de la lucha de clases, la muerte de las ideologías, el fin del contacto personal y el vínculo a través de las redes sociales.

Se terminaron los patrones, sustituidos por las sociedades anónimas. La derecha renueva su discurso, imbuida de una sensibilidad social inédita e increíble.

Como se situó la izquierda en este mundo y que efectos tuvo asumir gobiernos, lo analizaremos en la próxima nota.

 

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