Miercoles 16 de Agosto de 2017

La amabilidad no cuesta

Actuar con respeto y regalar cortesía nos permite crecer como personas

Practicar la amabilidad no cuesta, pero cambia mucho las cosas. Es el idioma que el ciego puede ver y que el sordo escucha. Porque actuar con respeto, regalar cortesía, hablar con cercanía y mirar con empatía, son gestos que definen la magia de las conexiones humanas, de esos vínculos únicos que nos permiten crecer como personas.

SER AMABLES

Haz que tus palabras tengan el tono de la amabilidad, que tus gestos sean cercanos, humildes… Porque aunque la bondad no cueste nada, vale mucho, y no hay mejor modo de enriquecerse que practicando el respeto y la autenticidad.

DEJA HUELLAS

El cerebro es la fuente de todo nuestro mundo afectivo, de nuestros procesos cognitivos y de esos hilos que guían nuestras decisiones y los actos más o menos altruistas. Un hecho que merece la pena tener en cuenta es que gran parte de esos comportamientos, basados en la emocionalidad, tienen su origen en las conocidas como “neuronas espejo”.

Estas afinadísimas estructuras que configuran lo que se conoce como “sistema espejo” permiten, por encima de todo, entender y hacer nuestras todas esas acciones, sensaciones y emociones que vemos en los demás. Las neuronas espejo nos convierten en seres más sociales y, por tanto, guiados de forma natural por las emociones.

DESDE PEQUEÑOS

Según numerosos expertos en neurociencia, aprendizaje emocional y en psicología positiva, el hecho de enseñar a los niños a practicar la bondad, desde bien pequeños, genera notables cambios en la química de sus cerebros. Los actos basados en el altruismo y la amabilidad ofrecen un aporte de endorfinas muy poderoso a nuestro cerebro.

Esa sensación de bienestar es la forma en que nuestro cerebro nos gratifica por algo que “es correcto”, algo que “está bien”

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